Relación entre territorio, confort-mismo, y el «hacer».

Las personas estamos llenas de experiencias, creencias y aprendizajes que van dando forma a nuestra personalidad, y a la forma en la que nos relacionamos en, y con el mundo.

Poco a poco, creamos mapas mentales, formas de operar que dan valor y dotan de sentido nuestra condición humana. Estos mapas van variando, y cambian según nuestro entorno, nuestra edad, y según los estados y emociones que nos acompañan en cada momento.

Cuando encontramos un espacio «conocido», y nos reconocemos en él, corremos el riesgo de permanecer demasiado tiempo, dejando de descubrir nuevas oportunidades.

Es lo que conocemos como «caja de confort», un espacio en el que parece que todo está a nuestro alcance, nuestras necesidades están cubiertas, y todo está bajo «control»; en realidad, es un espacio en el que repetimos rutinas, asentamos nuestros modelos mentales, y establecemos nuestros patrones de comportamiento; un espacio, en el que permanecemos inmóviles, y en el que hemos dejado de sorprendernos.

¿Alguna vez te has preguntado qué pasaría sí hicieras algo diferente? Es una pregunta que pasa desapercibida para muchos, genera inseguridad para otros, pero que sin embargo, es el principio de un nuevo camino de aprendizaje para aquellas personas que quieren y buscan algo más; es el principio para descubrir un nuevo territorio lleno de posibilidades.

Y ¿Cómo podemos empezar a hacer algo diferente? ¿para qué hacer algo diferente?

Una de las preguntas que resulta útil para identificar el grado de «confort-mismo» es:

– ¿Cuánto tiempo hace que hago lo mismo? y con lo mismo, quiero decir, seguir las mismas rutinas en cualquiera de los dominios: trabajo-familia-amigos-comunidad…

De esta forma podemos cuantificar y valorar nuestro grado de confort. Saber cuánto tiempo hace que no descubrimos nada nuevo sobre nosotros, y estamos operando en automático.

Hay personas que cuando se les hace esta pregunta, se dan cuenta de forma consciente, de la cantidad de cosas que les gustan, y que han dejado de hacer sin darse cuenta.

Otras defienden estar bien como están, y otras en el otro extremo, manifiestan su grado de insatisfacción con el estilo de vida que están llevando.

A las primeras les digo: ¿y qué quieres hacer ahora?

A las segundas: ¿qué es estar bien para tí?

Y a las terceras: ¿qué te hace estar insatisfecho?

Otra de las cuestiones es la conexión con nuestro talento, con nuestras pasiones.

Identificar qué es lo que nos gusta hacer, y nos completa como personas, es una tarea olvidada; desde niñ@s estamos programados para producir y reproducir.

Utilizar preguntas como:

– ¿Para qué hago lo que hago?

– ¿Qué tiene que ver conmigo esto que hago?

– Del 1 al 10 ¿Cuánto me llena lo que hago?

– De todas las cosas que soy capaz de hacer ¿Qué ha hecho que me decida por ésta?

Aparecen muchas formas de explicarnos a nosotros mismos a través de estas preguntas; como decimos en coaching, de contarnos el «cuento».

La importancia de lo que hacemos tiene que ver con nuestra identidad. Para darle forma a quiénes somos, buscamos en el «qué hacemos», y nos resulta fácil definirnos a nosotros mismos como: médico, profesora, coach, etc…

Nuestra profesión es un conjunto de acciones desarrolladas en un área específica y concreta, que desde el conocimiento, nos ayudan a conformar la imagen que tenemos de nosotros mismos; de forma racional, crea nuestra identidad como individuos.

Pero en el «hacer» somos capaces de «ser» muchas más cosas de las que indica nuestra profesión. Por ejemplo, una profesora, es a la vez, madre, amiga, compañera, música, organizadora de tareas, buena cocinera, etc…

Además, en la forma en la que se relaciona en los distintos entornos, esas múltiples competencias, dejan emerger o por el contrario ocultan, unas u otras emociones; por ejemplo, seriedad en el trabajo, simpatía con las amistades, tímida con desconocidos, autoritaria con la familia, etc…

Por lo tanto, si somos de diversas formas, en según qué circunstancias, probemos a dejar las etiquetas que pretenden definirnos en una sola palabra por un tiempo, y veamos qué pasa.

La importancia de lo que hacemos, tiene que ver entonces con el nivel de congruencia con uno mismo, en relación a quién soy con lo que hago en el momento actual, y quién quiero ser en la visión idílica de mí mismo. En función del grado de coherencia que tiene lo que hago, con mi visión, mi expectativa, nos aceptamos o nos toleramos, y ésto nos reporta un grado de plenitud y satisfacción, con respecto al estilo de vida que llevamos.

– ¿cuál es una de las mayores resistencias que encontramos a la hora de hacer algo diferente?

La resignación es la más habitual. Como en el cuento de «El elefante encadenado»; nuestras experiencias, y creencias, juegan a veces en nuestra contra a la hora de probar, y experimentar en nuevos territorios; por lo tanto, desactivar las creencias que nos están limitando, es el primer paso para descubrir nuevos territorios, salir del confort-mismo, y hacer lo que está alineado de forma coherente con quien queremos SER.